martes, 29 de septiembre de 2009

La píldora del día después, sin receta y sin información


El Gobierno se inventa un estatus especial para la pastilla, que se convierte en un fármaco «alegal».

Las farmacias venden ya la pastilla a quien la pide, pero no disponen de los folletos del Ministerio de Sanidad.

larazon.es | S. Alonso / M. Poveda

Las prisas le han jugado otra una mala pasada al Gobierno. Debido a la premura a la hora de autorizar la píldora del día después, y a sus peculiares características, el Ejecutivo ha tenido que incluirla dentro de una categoría improvisada de medicamentos que no aparece recogida por la legislación vigente, según confirma Rafael García Gutiérrez, director general de la Asociación Nacional de Especialidades Farmacéuticas Publicitarias (Anepf). Desde ayer, la píldora del día después –un polémico producto cuya sustancia básica es el levonorgestrel–, se ha convertido en el único fármaco español no financiado que puede dispensarse desde las oficinas de farmacia sin necesidad de receta médica y que, sin embargo, no puede anunciarse en los medios de comunicación. Es así una rara avis en el mercado farmacológico español, toda vez que los medicamentos publicitarios se caracterizan por su posibilidad de ofertarse a los ciudadanos a través de los medios y dispensarse directamente desde las farmacias sin necesidad de la preceptiva receta.

El fármaco se halla, pues, en una especie de limbo jurídico al no aparecer contemplado su novedoso estatus ni en las directivas europeas ni en la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento ni en el Real Decreto 1345/2007 que lo desarrolla, según García Gutiérrez, el director general de los fabricantes de las sustancias publicitarias, que apenas recuerda uno o dos casos parecidos en la historia reciente de la Sanidad española. Este limbo en el que se encuentra desde ayer el polémico medicamento ha suscitado también dudas entre los farmacéuticos en el primer día de su dispensación. En concreto, los boticarios consultados por LA RAZÓN tienen dudas sobre la responsabilidad que contraen a la hora de dispensarla a menores de 16 años sin el consentimiento paterno, dudas que, hasta la fecha, no ha respondido el Gobierno, que no ha emitido ningún informe sobre el asunto clarificando el papel del farmacéutico en la dispensación.

Pero ésta no ha sido la única pifia del Ejecutivo en la carrera por facilitar la venta del fármaco. Los boticarios tuvieron también ayer que improvisar en su nueva función de educadores sexuales al no haber llegado los folletos informativos que debían de entregarse junto a la pastilla y que informaban a la mujer de cómo usarla, de otros métodos anticonceptivos y del riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual.

Aunque Sanidad retrasó la entrada en vigor de la medida –anunciada el pasado mayo– porque estaba «ultimando los folletos informativos», ayer ninguna farmacia tenía la información que debía entregar al despachar el fármaco. Fuentes de Sanidad confirmaron que, efectivamente, los trípticos no estaban impresos y que los «haría llegar en función de la demanda» de las oficinas de farmacia.

Sin información
Este galimatías lo solventó cada botica como buenamente pudo. Los farmacéuticos más concienciados imprimían ellos mismos la información que habían recibido de los colegios profesionales para darla a las clientas. Eran los menos. Otros profesionales se negaban a despachar el producto sin receta, «porque no hemos recibido ninguna información del colegio de farmacéuticos, nos hemos enterado por los medios de comunicación. Aquí, la píldora postcoital se seguirá vendiendo con receta por orden del farmacéutico», argumentaba un empleado de un dispensario en pleno centro de Madrid.

Por lo general, en el primer día de venta sin receta la píldora postcoital se dispensaba sin prescripción, si bien los boticarios advertían a las clientas de cómo tomarla para que fuera eficaz y de los efectos secundarios, a la vez que se tomaban un tiempo para sondear y comprobar en cada caso que estaba indicada y que se iba a hacer un buen uso de ella.

«Nada de vender más de una por persona», comentaba otra farmacéutica. «Si alguien pide tres es porque no sabe cómo utilizarla y es un motivo para no vendérsela», añadía. Otros motivos para no dispensarla eran el «quererla para el botiquín» o «para una amiga». En definitiva, argumentos extravagantes para adquirir un fármaco hormonal que no está exento de efectos secundarios.