jueves, 13 de agosto de 2009

Opinión. Enrique Orihuel, expresidente de FAES.

Artículo de lasprovincias.es
Foto de saforguia.com


Participé como ponente hace unos días, en un Taller de Creación de Empresas organiza-do por NN.GG. del Partido Popular de Gandia. Una iniciativa muy acertada, impulsada por Víctor Soler y Carlos Bolta, a los hay que felicitar por la oportunidad y por el éxito del evento, al que asistieron cerca de un centenar de jóvenes de toda la provincia.

En la presente situación de crisis económica, hacen falta en nuestro país muchos emprendedores que inicien la aventura de llevar a la práctica sus ideas, creando sus propias empresas. Sin embargo, es una lamentable realidad el que en España somos, en general, bastante refractarios a emprender nuevos proyectos empresariales. Ni existe una verdadera cultura de innovación ni, consecuentemente, de creación de nuevos pro-yectos.
Hace ya algún tiempo Eduard Punset reflexionaba sobre este déficit de nuestra sociedad, que nos hace más vulnerables ante nuestros competidores. Señalaba Punset algunas claves que explican esa falta de vocaciones empresariales; la primera de ellas es el miedo: el miedo al fracaso y el miedo a la inseguridad que conlleva cualquier ex-periencia empresarial. Una parte importante de nuestra juventud aspira a una plaza fija de funcionario, mientras que otra parte tiene pánico o "miedo escénico" a estrellarse con su proyecto empresarial.
También faltan modelos atractivos que puedan servir de ejemplo a la juventud, lo que está muy unido a la ausencia (en el sistema educativo y en la sociedad) de un adecuado reconocimiento de los logros de nuestros emprendedores. Y junto a ello, unas universidades demasiado teóricas y alejadas de la realidad empresarial, cuyo profesorado pone el énfasis en enseñar lo que saben y no lo que realmente necesitan los jóvenes para desarrollar sus cualidades y fomentar el espíritu emprendedor. Aunque hay que reconocer los esfuerzos que realizan nuestras Universidades por "aterrizar en la realidad", aún estamos lejos de una verdadera cooperación entre el mundo uni-versitario y el empresarial. Francisco Tomás, Rector de la Universidad de Valencia, sabe muy bien el enorme esfuerzo que ha debido realizar y las grandes resistencias que ha tenido que sortear, para conseguir tímidos aunque significativos avances en este terreno.
Si queremos sentar las bases de una recuperación económica sólida, es necesario una nueva cultura de fomento del espíritu emprendedor, que vaya paulatinamente su-perando las ideas y prejuicios equivocados o desenfocados, que convierten la figura del emprendedor en algo raro en las aspiraciones de los jóvenes. El sistema educativo es un factor clave en esta necesaria evolución cultural. Pa-radójicamente, desde algunos grupúsculos de la izquierda radical se denuncia la preten-dida supeditación de las universidades a los "intereses" empresariales, como con-secuencia del proceso de Bolonia. El mensaje de "fuera empresas de la Universidad" sólo es coherente si se completa con el de "fuera empresas de España" para implantar un trasnochado socialismo real que es, en definitiva, la negación del espíritu emprendedor.
Y también la propia sociedad debe evolucionar en el sentido de una mejor comprensión de la importancia del espíritu emprendedor para el desarrollo y bienestar económico y social. En España se juzga con frecuencia al emprendedor, un poco despectivamente, como alguien que "ha tenido suerte".
Como comenté en el Taller, sólo tienen suerte los que salen a buscarla, y para salir a buscarla es necesario mucho esfuerzo, mucha dedicación y muchos sacrificios.