sábado, 1 de diciembre de 2007

ROSA DÍEZ

Es lo que tiene: uno decide irse a escuchar a una persona normal y acaba oyendo cosas normales. Vale que Rosa –Díez, no la de Operación Triunfo- no es una persona normal en el sentido más rajoyniano del término, o sea, que no es del común de los mortales, como diríamos en un lenguaje más castizo. Lo normal -o lo corriente, que para el caso nos sirve- no es militar durante 30 años en un partido político, ni ser parlamentario europeo o consejero de un gobierno autonómico, ni mucho menos fundar un partido político nuevo, que no un nuevo partido político, como le gusta recalcar a ella.
Ayer por la tarde estuve con Rosa, como muchos otros universitarios y no tan universitarios que se acercaron a la Universitat Jaume I para verla, saludarla o, como yo, para saber un poco más a cerca de su recién estrenado proyecto político.

Y lo que me encontré allí me gustó. Me gustó oír a alguien gritar que lo que nos une a los españoles es más que aquello que nos separa. Me gustó escuchar a alguien gritar que basta ya de ceder ante los nacionalismos, de falsear la historia. Me encantó que alguien dijera a voz en grito que la democracia española necesita de una regeneración profunda: listas abiertas, garantizar por ley que gobierne la lista más votada, reformar nuestra injusta ley electoral, que el Estado asuma aquellas competencias necesarias para garantizar la igualdad de todos los españoles aunque hayan sido ya transferidas a las autonomías, etc.

Rosa habló de reformas estructurales, de cambiar la política, de coger de las solapas a los ciudadanos para moverlos a reclamar una participación más activa y más real en los asuntos que son de todos. En fin, cosas muy normales, tanto, que me sorprendió oírlas tan alto.

Luego, bolígrafo en mano y con el manifiesto del programa delante, me di cuenta de que había muchos detalles, críticas, ideas y posicionamientos políticos de los que discrepaba. Mucho, quizá demasiados.

En cualquier caso el nacimiento de un partido político nuevo me parece una buena noticia en tanto en cuanto viene a dar voz a una parte de la ciudadanía que hasta entonces no se sentía representada por ninguna otra opción. Es bueno para la democracia, así que es bueno para todos.

Cuando volvía a casa llamé a Víctor por teléfono, y después de conversar un rato, llegamos a la conclusión de que –aún estando en una posición ideológica distinta a la de Rosa- nos parecía una maravilla poder disfrutar de un Estado de derecho que nos permite reconocer y valorar a los que no piensan como nosotros e incluso que lo podamos hacer desde la página web de un partido político rival. Y aunque a Z esto de la libertad le pesa, al menos nosotros, como Rosa, también lucharemos por ella.

Muchas veces me he preguntado qué habría pasado si Z no hubiera accedido a la secretaría general del PSOE en detrimento de Bono, Rosa Díez y Matilde Fernández. Lo que hasta entonces no me suponía más que una inquietud morbosa, ayer se convirtió en tragedia.